No..., no me voy a referir aquí a ese pueblo bárbaro que empujado por los godos se estableció en el sur de la península Hispánica, que empleaba enorme fragor destructivo con la cultura romana para imponer su propia religión y cultura, que estableció corte de basta cultura en Cartago, dominando el comercio del Mediterráneo, y que finalmente se fue extinguiendo fruto de su propia idiosincrasia.
Me quiero referir a los que se les aplica actualmente el nombre de vándalos con esa nueva acepción, que se les aplica a los que atacan y destruyen la propiedad ajena y que nada tiene que ver con el significado del nombre que define a un pueblo valiente que luchó por el desarrollo de su existencia y que se quería ir asentando sobre su propia religión y cultura. Vándalo significa "los que cambian", o, "los hábiles"; pero nunca..., nunca, "los cobardes". Me quiero referir a esa lacra, fruto del desarrollo irracional de las ciudades modernas, que amparados en el oscuro silencio de la noche ponen en pie el desarrollo de toda su cobardía. Esos que no son pueblo porque nunca tuvieron sentimientos de pueblo. Esos cuya única cultura se sustenta sobre los pilares de su propia necedad. Esos que nunca fueron ni serán libres porque desconocen el significado de la palabra libertad, y por lo tanto serán siempre carceleros de su propia existencia. Esos que se alejan del significado de persona porque la irracionalidad de sus actos los acerca más a las cucarachas y alas ratas que a cualquier ser racional. A todos estos que rompen, queman , tiran a los estanques..., bancos, farolas, papeleras, vallas, árboles, a los que pintarrajean paredes... A todos los que atacan bienes ajenos, quiero decirles desde aquí, "Que la disconformidad que busca caminos de soluciones positivas debe basarse en el planteamiento racional de la misma y en la sólida defensa desde la valentía y nunca desde la cobardía que ampara la espesura de la noche". Y en particular a esos personajillos que se auto denominan grafiteros, decirles que están poniendo enormes piedras en el camino de los que sí lo son y están luchando por elevar el grafiti a nivel de arte".
También quiero animar desde aquí a los responsables para que se valores todos los costes originados por estos agresores, se informe al pueblo a través de notas en boletines y tablones para que tomemos conciencia de que estos gastos restarán posibilidades económicas para el desarrollo de otras actividades. Y aplicar ejemplarizantes sanciones, a los que componen esa lacra, para hacerles comprender, "Que su libertad termina donde empieza la de su prójimo".
Publicado en Montaña Central nº 9
No hay comentarios:
Publicar un comentario