martes, 16 de febrero de 2010

DEL HAMBRE DEL NIÑO AL PERRO CON ABRIGO

Mientras desayuno, arropado por el suave calor del hogar, la prensa me sienta a la mesa el acuciante problema de Haiti, ante el cual surgen brotes de solidaridad, que van desde los conciertos solidarios hasta la ejemplarizante imagen de escolares pidiendo ayuda en las calles a sus parroquianos, o, los propios escolares entregando sus ahorros para el apoyo a este pueblo que sufre.

Cojo mi coche para ejercer mis tareas habituales, y mientras me desplazo por el paisaje, que se despierta con un tímido manto blanco, y que a pesar de los constantes avisos de rigores fríos siberianos las temperaturas que nos envuelven se sufren bien. Vigilo con el rabillo del ojo la vía por la que circulo, mientras en los espejos de mi memoria se reflejan y rememoran situaciones y momentos que nos rodean y nos hacen sentir el agradecimiento por haber nacido en un lugar del planeta, que bien podría dar nombre “Al Paraíso”. Mientras enfrascado en estos pensamientos me deslizo suave y veloz pasa ante mí, de soslayo, la imagen de algo que siento rompe el bucolismo y la idea de paraíso, sobre todo para el ser que la padece. No puedo resistir la tentación de estacionar mi coche a la espera de ver pasar ante mí la imagen arrogante y estúpida de la damisela envuelta en finas pieles de visón, astracán o zorra, que pasea, amarrado al oto extremo de la larga correa, al ser, posiblemente dentro de su raza, más inteligente, más noble, más leal, más versátil…, y en este caso más ridículo, “un bello pastor alemán con abrigo”.

Existe la idea de que la prolongada convivencia de perros y sus dueños les acerca en el parecido. Ante esto, la Universidad de California, en San Diego realizó estudios que luego publicó, de la mano del psicólogo Nicholas Christenfeld en la revista “Psychological Sciencie”. Dice así, “La similitud se debe a la selección que hace el propietario al adquirir el animal”. En casos como el que describo, los dueños van mucho más allá, no se conforman con el parecido físico, sino que además no dudan en gastarse los dineros en disfrazar a sus mascotas para lograr parecidos en el comportamiento, sin darse cuenta que deberían ser ellos quienes tratasen de acercarse a los comportamientos de sus mascotas, (Que no matan humanos para vestirse con sus pieles, que son fieles y leales y no dudan en dar sus vidas para proteger la de sus dueños…, y que, desde el cariño de sus dueños, aman la libertad).

“Pobres niños con hambre en el Mundo si abundasen quienes gastan sus dineros en dar abrigo a quien no lo necesita”.

Llonguera.

Publicado en el periódico de La Montaña Central del mes de Febrero .