jueves, 11 de marzo de 2010

DESDE MI MOCHILA.
Llonguera.
EL HILO QUE HACE MADEJA.

De ella dice el Poeta, en una placa colocada al efecto,” Es uno de los tres lugares en el mundo donde uno puede encontrarse realmente a gusto porque ha sabido conservar su sabor a pueblo”.
Ayer, cuando mis mayores eran pequeños, en domingo sus mayores les llevaban desde sus pueblos falando el ganao, ó, desde cada rincón de Mieres, después de salir de misa, a un lugar que trasciende el reflejo del recuerdo en el espejo de la memoria de los tiempos. A un lugar donde abrazos y estrechones de manos se sucedían en la apertura y cierre de palabras negociadas y empeñadas. A un lugar donde el murmullo, las risas y los cantos de chigre se fundían. A un lugar donde el azul mahón de las largas batas, el fino y colorido paño de trajes y abrigos, y la piel de las vacas daban color a una enorme y bulliciosa masa. A un lugar donde las fragancias de perfumes que despedía el despreocupado caminar de damas y caballeros, se mezclaban con el cálido aroma de las boñigas y meados de los animales que desde el suelo se elevaban en rachas huracanadas hacia los cielos y los olores a caldos y cocidos que desde las cocinas de los chigres atraían a las alargadas narices, formaban un todo oloroso que definía un espacio.
El tiempo que se va gastando hace que yo sea el pequeño que ataviado con pantalón corto recién planchado, calzado con botas rojas de atar y como arma, en mis manos,” la guiá”, camine saltarín y contento a la zaga de mi padre, hacia un lugar donde después de abrazos y apretones de manos, se cambie la vaca por los “riales” que nuestras vidas ayuden a continuar.
Según vamos llegando miro absorto, sorprendido y extasiado una colorida masa que se mueve en desordenado bullicio donde colores, olores, palabras, risas, canciones, abrazos y estrechones de manos se unen creando el camino a través del cual las realidades de un pueblo apuntan hacia su futuro.
Hoy, en el Mañana del Ayer, en una ciudad moderna, que tiende a una arquitectura minimalista de formas rectas y colores grises y fríos es más necesario, si cabe, el llenar de contenido estos espacios logrando que su sabor a pueblo no sólo sea porque el poeta lo dijo, si no porque en los espejos de la memoria colectiva se refleje el recuerdo de que además de la plaza de la sidra, Requejo o San Juan, fue fundamentalmente desde tiempos inmemoriables “el mercao del ganao” el centro neurálgico económico y social de Mieres y su comarca, La Plaza con ese verdadero sabor a pueblo, hecho diferencial que debe impregnar el hilo del ayer que conforme la madeja del mañana.