domingo, 9 de mayo de 2010

CONCIENCIA

Quizás el enorme agujero que atraviesa nuestra conciencia colectiva sea tan grande, que el flujo que por él circula haga nos conformemos con los quejidos lastimeros sobre lo que fuimos y ya no somos. Sobre el engaño de aquellos que prometen y jamás cumplen. Sobre los cristales rotos de los espejos que reflejaban nuestra memoria como pueblo. Sobre la falta de capacidad de luchar por tiempos de futuro. Sobre quienes apagan nuestra ilusión porque hacen de la corrupción y el enmarañamiento norma de convivencia. Sobre aquellos que nos roban la luz y el color de las fachadas de nuestras ciudades y pueblos cubriéndolo todo de negro. Sobre aquellos que se revuelcan entre sedas y algodones a cambio de ir entregándonos algunas migajas de nuestros derechos…, y nos repiten constantemente que el verdadero poder reside en el pueblo desde su libertad de elegir, ocultándonos al tiempo que la libertad la proporciona la capacidad de discernir, basada en el desarrollo de la cultura y el conocimiento.
Quizás sea necesario que los ángeles o demonios de la noche se refocilen en lo más profundo de nuestras miserias para que podamos descargar de herrumbre, tedio y engaño el reseco pergamino de nuestra conciencia como pueblo. Para que seamos capaces de colocar frente a ese enorme agujero un pulido y sólido espejo en el que nuestra memoria refleje con nitidez los valores y sentimientos de la colectividad, su capacidad de discernir, su posibilidad de crear, su poder en la unidad. Para que empecemos a creer en los valores de la colectividad que nos orienten en la lucha por la consecución de nuestro propio destino. Para que la luz y el color retornen a las fachadas de nuestras ciudades y pueblos creando un cálido sabor de presente y una suave luz de esperanza en el futuro. Para que la cultura, la solidaridad, el sentimiento de unidad nos dejen diáfanos los caminos de la libertad que nos lleven a ejercer ese, verdadero poder que reside en el pueblo, en la exigencia de nuestra participación activa a la hora de tender rieles que unan nuestro existir con la posibilidad de ser en el futuro.
En última instancia sólo nosotros seremos responsables de nuestra situación de futuro, de conseguir que nuestros pueblos caminen firmes hacia nuevos horizontes sin perder la savia que emanan nuestras raíces, de lograr que la conciencia colectiva cambie la idea de aceptar las migajas que tengan a bien darnos, por la idea firme de construir nuestro camino.