Decía el poeta José Hierro: "Hay tres lugares en el mundo donde uno puede encontrarse realmente a gusto porque han sabido conservar su sabor a pueblo, la isla de Manhattan en Nueva York, el barrio romano del Trastévere y la Plaza de Requejo en Mieres".
Nosotros emulando al poeta añadiríamos un lugar que se nos antoja eterno, repleto de rincones excelsos, llenos de encanto, de sabor a pueblo, y todos juntos conforman el lienzo de luz y color en el que se pinta El Valle, nuestro valle, mi valle, el lugar donde los espejos de la memoria, desde mi infancia, reflejan vivencias llenas de encanto..., y también de dolor, vivencias y rincones que en su junto discurrir crean surcos en el viejo pergamino de nuestro existir. Como muy bien describe mi amigo e ilustre escritor Fulgencio Argüelles cuando se refiere a nuestro valle," Aquí muy cerca de nosotros, se encuentran rincones que dan sentido a la belleza y donde a uno se le cae del alma todo lo supérfluo". Rincones encantados a los que el Poeta no se ha referido, posiblemente, porque se ha perdido en el cruce de nombres y no tuvo la fortuna de conocerlos. Rincones en el que al contemplarlos sentimos el tiempo quieto, como si los goznes que les permiten girar en la rueda del tiempo se hubiesen cargado de herrumbre. Rincones de natural y serena belleza que incitan a ver en ellos la matriz del presente y el yunque donde se debe forjar el futuro. Rincones en los que el corzo saltarín y la graciosa ardilla, que jugando al escondite con nosotros al tiempo que desgrana el fruto del avellano, nos transporta a las páginas del cuento en las que Bambi retoza en el libro de la selva. Rincones en los que las claras y cristalinas aguas que manan sus fuentes crean dulces armonías de timbales y cascabeles que se desparraman por toda su piel hasta conformar el pequeño río que fluye sereno por el surco más fondero, el surco que es cuna del valle..., y Cuna es su nombre, que flota abrazando al Valle, a nuestro valle, a mi valle. Y desde los escondites más recónditos de mi memoria, todos los rincones y vivencias que dan forma a mi valle, unidos al nombre del rió que le mece, me suenan a eternos, y se que para mis ancestros y mis coetáneos, "Valle de Cuna" es su nombre, y en este nombre alborea, se mece y duerme el Valle.
Y es por ello por lo que hace un tiempo en que formé parte de una comisión de Toponimia, defendí el nombre de mi valle desde su eternidad y desde su significado global, al margen de intentos localistas de apoderarse de su historia, de todos nuestros rincones y nuestras vivencias. Y hoy, en que nuestro Valle vuelve a ser oficialmente " VALLE DE CUNA", me siento orgulloso de haber sido partícipe de conseguir que el aura que emana este nombre eterno cree la estela de diáfanos caminos que hagan posible que otros, poetas o no, los encuentren e incluyan al "VALLE DE CUNA" en su lista de LUGARES ETERNOS.
Publicado en el nº 0 del periódico La Montaña Central.
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